El dolor en el gato

Por su naturaleza, el gato es un animal que esconde muy bien el dolor, por lo que resulta difícil saber cuándo experimenta algún tipo de dolor o cuándo está enfermo; además, cada gato manifiesta el dolor de manera diferente y a veces incluso contradictoria.

Es importante aprender a observar el comportamiento del animal para identificar posibles cambios en la postura, marcha, movimientos o cambios en sus hábitos (cómo se limpian, alimentan y defecan).

Tras una lesión o una operación, el gato puede no manifestar comportamientos evidentes; a menudo buscará un lugar tranquilo donde descansar durante períodos prolongados. Sin embargo, puede manifestar agresividad cuando nos acercamos o lo tocamos. Algunos gatos, cuando sienten dolor físico aúllan, soplan o incluso ronronean; en otros casos, sin embargo, tienen un comportamiento somestésico (limpieza), con exasperación y en algunos casos incluso autolesiones, especialmente si el dolor es localizado. Es como si al lamerse producieran endorfinas, contribuyendo así de forma indirecta a la búsqueda de un cierto alivio y autogratificación.
Para entender lo variante que puede ser el comportamiento de un gato, en caso de dolor generalizado, articular o muscular, los primeros signos de angustia en el gato coinciden con una menor limpieza: notaréis que tiene el pelo desgreñado y a veces incluso sucio.

Otro signo de alarma es un menor interés exploratorio: el gato ya no salta sobre los muebles o de un estante a otro o responde menos a la estimulación.

Cuando el dolor es medio-fuerte, se observan alteraciones en la marcha o posiciones extrañas cuando se tumba. El gato puede manifestar cifosis, tener las extremidades extendidas o mostrar una «marcha rígida». Cuando está tumbado, nunca encuentra la posición correcta.

La cola es una buena señal de alarma también, cuando el gato siente molestias está siempre en movimiento.

También cambia la expresión facial: las pupilas se dilatan, los ojos se entrecierran y las orejas bajan.

Si el dolor es localizado, el gato tenderá a lamer y mordisquear la zona.

Otro comportamiento importante que no se debe ignorar es la inadecuada o inusual defecación del animal: el gato no usa la caja correctamente. Esto puede ser causado por dolores durante la micción o defecación, o por un malestar generalizado.

Observe si el gato inusualmente come menos o manifiesta «apetito caprichoso».

Se entiende que todos estos cambios en el comportamiento no deber ser considerados de manera aislada, sino que deben estar siempre relacionados con la vida del animal y en base a su historial médico.

En caso de duda, consulte a su veterinario y explique detalladamente cuáles son los cambios que ha observado en el animal. Para el veterinario, usted es quien más puede ayudarle a saber si le ocurre algo a su gato.

Bibliografia

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