La adopción consciente de una animal doméstico

Son muchas las razones que nos llevan a adoptar un animal: nos hacen compañía, forman parte de la familia, hacemos actividades con él o nos ayudan a realizar una actividad profesional en concreto (caza, intervenciones asistidas con animales, urgencias, etc.). 

Pero en el momento de la adopción, incluso antes de decidir adoptar una mascota, tenemos que estudiar bien cuáles son las necesidades individuales que deberemos ser capaces de cubrir una vez que el animal forme parte de nuestra familia.

Primero debemos elegir la especie: perro, gato, pájaro, roedor, reptil, pez, etc.

A menudo pensamos que un animal que vive en un acuario, en una vitrina o en una jaula es menos dependiente y «menos social». De hecho, los animales como conejos, cobayas, chinchillas, hámsters o pájaros como los periquitos y loros deberían ser capaces de salir de su jaula y explorar el entorno en el que viven. También son capaces de establecer una relación social con los miembros de la familia, y pueden aprender y adquirir infinidad de habilidades, incluso resolver juegos.

Otro cliché común es el de que un gato necesita menos cuidados que un perro. Si pasamos mucho tiempo fuera de casa por trabajo no podemos pensar que un gato se siente bien en un sitio cerrado; tiene necesidades sociales, de atención y dedicación.

Para algunos gatos es muy importante poder explorar el entorno o cazar: ¿el entorno en el que vivimos puede satisfacer esta necesidad?

Una vez elegido el tipo de animal, podemos escoger la raza, valorando las diversas exigencias alimentarias, ambientales, fisiológicas, de limpieza, etc. Está clara la diferencia entre un caniche y un gran danés; sin embargo, ¿podemos asegurar que el caniche suponga menos responsabilidad? Una chinchilla, por ejemplo, que es un animal muy pequeño, debe ser cepillado todos los días.

Cuando decidimos aceptar un animal en nuestra familia, en primer lugar debemos ser conscientes de que esta criatura tiene necesidades y es nuestra responsabilidad cubrirlas. Esto implica costes, en términos de tiempo, esfuerzo y dinero. ¿Estamos dispuestos a invertir en estos términos?

Toda la familia tendrá que estar de acuerdo. Y habrá que pensar ya en las vacaciones; decidir si lo llevaremos con nosotros o si lo dejaremos en una residencia animal.
Una vez evaluados todos estos aspectos podemos adoptar a nuestro nuevo amigo.

Antes de llevarlo a casa debemos preparar el ambiente: comprar la comida adecuada, contactar con un médico veterinario, acomodar su zona de reposo, y comprar todo lo necesario para que el ambiente sea el idóneo, como juguetes, etc.

Si en la casa hay otros animales, la incorporación del nuevo miembro deberá ser gradual y de manera segura.

Se debe hacer siempre partícipe a los niños, enseñándoles cómo interactuar adecuadamente con el nuevo miembro de la familia y responsabilizándoles de su cuidado, en función de la edad.

Una vez adoptados y acogidos en la familia, será nuestra responsabilidad garantizarles una larga y serena convivencia, sin privarles de atención y mimos y sin descuidar su salud y su higiene. De la misma manera que trataríamos a cualquier otro miembro de la familia.